Dibujando escritura

Un trazo incesante que trata de salirse, pero vuelve como inexorablemente a su propio vientre. Apenas si se atreve a dejar de envolverse en sí mismo.

Fuimos amigos hace muchos años.
Todo era posible, la alegría, las posibilidades, el futuro.
Dejamos de vernos muchos años.
Fue el tiempo de las enfermedades, de las muertes y los hijos crecían.
Volvemos a vernos desde hace pocos meses.
Es el tiempo del deslumbramiento de las cosas hechas y el de la posible vejez.
Y ahora, quien escribía, dibuja escritura.

Los colores para la alegría. La música como presencia permanente.
El sexo cubriéndolo todo, la parte sensual de cada mujer, de cada hombre y hasta de los gatos.

Y una alegría que se desdibuja nuevamente con el trazo, poca fe, quizás.
Porque todo lo encuentra y lo sigue encontrando en sí mismo.

Pablo cuenta que corre por la playa, que escucha música de una manera obsesiva. Tal vez, sus recuerdos lo carcomen, una playa de Cataluña y una ciudad argentina. Una vida de idayvuelta, la desesperación de las ausencias.

Como una "mujer en la ventana", la esperanza como objetivo. Trazos y letras y cuidadosa interpretación de lo interno, de lo profundo de cada ser humano. Sin traicionar jamás a la escritura, volviendo a dibujar novelas, historias, desasosiegos.

Las palabras, en todo caso, se funden en colores rabiosos como las indignaciones. La gente que se quiere, se apelmaza, se une, se mete en sus dibujos y consigue darnos personas con cabeza, con pies y manos, con vida propia y movimientos solidarios.

Y a pesar de las furias, una alegría, una alegría una alegría.

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