OBSTINACION A PRUEBA DE TRAZOS

Vaya causalidad la que llevó a los dibujos del rosarino Pablo Di Masso a compartir exposición por estos días junto a una muestra colectiva por la que se organizan debates sobre arte y psicoanálisis. Si bien los trabajos de Di Masso no forman parte de este programa, ocupan la sala principal del Museo Metropolitano y se caracterizan por tener historias que contar, contenido de peso sobre la vida de su autor.
Por medio de una paleta multicolor incansable, subyacen de ellos, también, diversos estereotipos de mujeres y hombres urbanos. Algunos melancólicos otros enamorados o pensativos, todos tienen vida. Son dibujos trabajados, que movilizan y hasta pueden obsesionar: están llenos de recovecos, trazos que cubren por completo la hoja, símbolos, números, palabras con letras dadas vuelta o alteradas en su orden e instrumentos musicales que se pierden en sus vientres. La música es para Di Masso, amante del jazz, un complemento vital de su arte. "Hay versos de mi hermano, párrafos de alguna de sus novelas, letras de tango, palabras que pesan mucho en mi biografía que no deja de ser, a veces a mi pesar, la de mucha gente, real o ficticia, que se ha ido añadiendo a la mía". Con el apoyo de la Art Dealer Olga Rojo, de la galería Martin Kletzel Arte Contemporáneo, su muestra ilumina la tranquilidad de este museo y lleva a aguzar el ojo, sumiendo al visitante en la reflexión.
La serie se llama "Dibujos obstinados" y está compuesta por cientos, pero sólo algunos de ellos se exponen hasta el 4 de agosto. Plasmados en tinta sobre papel, evocan al movimiento expresionista, traen a colación a Pablo Picasso, Gustav Klimt o Joan Miró. Di Masso explica: "El estilo es como la identidad del dibujo. A veces tengo que llenar todo el espacio y cuando termino con esa especie de liberación "obstinada" suelo dibujar, como una desintoxicación de tanto color, detalle y manía pertinaz, un cuadro sencillo con un trazo y fondo blanco. El otro lado de la neurosis obsesiva, o quizá un recurso coyuntural para volver a zambullirme en ese combate interminable con la obsesión". El autor, que reside en Barcelona desde 1977, se desempeña también como periodista y traductor desde hace más de 30 años.
Respecto del nombre de la serie, sus dibujos "son obstinados por la compulsión casi cotidiana a dibujarlos". Así, se multiplican en servilletas, envases de cartón, manteles y paredes. Opina que "el cuadro es la medicina" y que, frente a la hoja en blanco, "hay una cierta servidumbre, una especie de placer casi perverso en interrumpirla". En sus obras, rostro y manos se detectan nítidos de entrada, mientras que el resto del cuerpo es un universo que va inventándose prácticamente por sí solo. "A veces quiero hacer un guitarrista, una pareja abrazada, un borracho, y con esa idea general la mano dibuja".
Sin método, horario ni disciplina, Di Masso sólo se cuida de tener todo a mano para cuando lo pilla el arte. "Más que ataques de inspiración – reflexiona- las responsables de estas obras son las ganas casi permanentes y la oportunidad de no dejar que se esfumen".

Martina Delacroix para la Revista Ñ

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